En las televisiones, medios escritos, internet… aparece hasta la saciedad el término Feminismo. Pero junto a él también lo hacen el de Machismo, Feminazi, Antifeminismo o Ginocentrismo, entre otros ¿tenéis claro el significado de todas ellas? Os exponemos en este post las diferencias entre Feminismo y sus derivados o antónimos.

Parece ser que hoy todo y todos tenemos que tener una etiqueta que nos defina. Pero, muchas veces, elegir esa etiqueta escapa de nuestras manos. Unas veces nos auto-imponemos estos distintivos. Y, aunque sea muy radical definirnos solo por un aspecto de nuestro intelecto, físico o condición sexual, es mejor opción que cuando esa etiqueta nos viene impuesta por la sociedad o terceros. Y una de las más habituales últimamente está relacionada con el Feminismo.

Uno de esos distintivos más habituales, en los tiempos que corren, es especial para mujeres y políticos, es el de Feminista. Mas, precisamente la política, su mal uso o vínculos con ideas no coherentes. Ha llevado a que se malinterprete su significado. Sí que es cierto que en muchos aspectos este término se ha politizado, perdiendo así tanto su esencia como parte de su significado para parte de la población. A lo largo de la historia del Feminismo, se ha relacionado con el  Comunismo, el Socialismo, el Anticapitalismo, el Ecologismo o el Antirracismo.

Cómo lo ve y vive la sociedad

El summum de este movimiento en las calles se materializa el 8 de marzo, Día

Feminismo

de la Mujer Trabajadora. Este día, cada año, miles de mujeres de cientos de países, salen a la calle pidiendo igualdad de derechos y recordando la importancia de su presencia en ámbitos como el laboral (pues estas manifestaciones suelen ir acompañadas de una huelga). Esa marea morada este año ha sido menos multitudinaria, en todos los países teníamos la sombra del COVID, y ha movido en Madrid a 120.000 personas.

Feminismo

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FeminismoFeminismoLa principal petición en estas manifestaciones ha sido la abolición del patriarcado. Entendiendo este como la forma de organización social que reserva la autoridad solo al sexo masculino; haciendo que la mujer no pueda asumir un liderazgo político, autoridad moral, privilegios sociales o control sobre la propiedad. Evidentemente, en España poco a poco esta estructura ha ido cayendo.

Tenemos que volver la vista atrás, a 2018, año en el que tuvo lugar una movilización sin precedentes contra la desigualdad de género (brecha salarial, discriminación o violencia sexual). Situando a España a la vanguardia del feminismo mundial, con cifras oficiales de 170.000 personas en Madrid y 200.000 en Barcelona (como las ciudades con más presencia de las 120 manifestaciones convocadas en España ese año). Pero ese, evidentemente, no es su inicio. Y es que los movimientos de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres nacieron en Francia a finales del siglo XVIII, ligados a la Revolución Francesa.

Etiquetarnos como feministas

Además, en torno a este calificativo de feminista han nacido otros, antónimos, derivados, relacionados… haciendo que sus ideales le diluyan. Por eso nos planteamos explicar qué es cada uno, para que, en caso de querer etiquetaros, lo hagáis sabiendo con qué movimiento os identificáis. Nuestro trabajo no es nuevo, sino que en las redes ha dado mucho que hablar, entre los más famosos el hilo de Twitter de la argentina Julia (historiadora cansada de que los términos de malinterpretasen)

Antes de empezar queremos aclarar que no pretendemos juzgar, criticar ni sentenciar a nadie, pues en Cover Seguros para Jóvenes aceptamos todo tipo de creencias y pensamientos, siempre y cuando no suponga hacer daño a nadie.

Qué es el Feminismo.

La palabra ‘feminista’ comenzó a utilizarse a raíz del escrito El hombre-mujer en 1872, en el que se describía apoyar la lucha de la igualdad de derechos como un proceso de “feminización” similar al de los enfermos de tuberculosis. Teniendo esto en cuenta, podemos entender mejor las tres olas en las que el feminismo se divide a lo largo de la historia. La primera, en Francia durante la Revolución de finales del siglo XVIII; la segunda, de mediados del siglo XIX a del XX; y la tercera, desde finales del siglo XX.

Dentro del movimiento feminista podemos encontrar el Feminismo Liberal, el Radical y el Feminismo abolicionista. El primero, el Feminismo Liberal o de Igualdad, se basa en la idea de que los roles de género no existen y que son una consecuencia de la educación y cultura recibidos al nacer. Por ello busca que la mujer pueda disfrutar del mismo estatus de que disfrutan los hombres. Está abiertamente a favor del liberalismo económico; pues fue precisamente por el Capitalismo que la mujer logró su emancipación del varón. Defiende la igualdad de oportunidades y reconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, asumiendo que estas no deberían ser un impedimento para lograr la igualdad efectiva. 

¿Y el Feminismo Radical?

Mientras que el Feminismo radical se define como una corriente que sostiene

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que para lograr eliminar la desigualdad social es indispensable atacar la raíz del problema: el patriarcado y el hecho de que el género es una asunción totalmente cultural, y es el fruto de la desigualdad entre ambos sexos (rozando el Transfeminismo, teoría basada en que tanto el género como el sexo biológico son construcciones sociales). Este movimiento es el que goza de mayor popularidad, se vincula con valores como el Anticapitalismo, el Marxismo, el Ecologismo, el Animilitarismo, el Pacifismo, el Antirracismo y el Antilberalismo.

De esta última corriente derivan el feminismo de la diferencia, que aboga a la diferencia sexual como liberador de la mujer; y el Feminismo socialista, el cual sostiene que la mujer sufre una opresión por parte del patriarcado y por el capitalismo, afirmando que ambos están íntimamente relacionados.

El Feminismo Abolicionista comparte muchas características con el Feminismo Radical. Pero, además se posiciona abolicionista en la prostitución, la pornografía y la maternidad subrogada. También comparte bases con el Feminismo Radical el Feminismo Separatista, aunque este no está basado en un principio de igualdad; reconoce las diferencias, naturales o adquiridas, entre hombres y mujeres; y sostiene que la mujer debe mantenerse al margen de toda relación con los hombres para desarrollarse plenamente (abogando, por tanto, por el sexo lésbico como vía para el desarrollo de la sexualidad femenina) 

Antifeminismo

El contrario del Feminismo no es el Machismo, pues para eso el Feminismo debería abogar por la superioridad de la mujer. Sino que el término antagónico es el Antifeminismo. Los antifeministas se oponen al movimiento social que pide nuevos derechos para el género femenino, argumentando que en los países desarrollados la igualdad de derecho ya es una realidad.

Se trata de una corriente iniciada en el siglo XIX como reacción al sufragio femenino. Afirman que el Feminismo alienta la misandría; es un intento de reprogramación de las tendencias biológicas de la gente (entre otros motivos por negar las diferencias innatas entre los sexos); es, además, promotor de cambios sexuales y la decadencia de este acto (poniendo como ejemplo el aumento de encuentros esporádicos) y que es una fuerte colisión contra las normas religiosas.

Hablemos de polos opuestos: Ginocentrismo y Machismo.

El Ginocentrismo trata un enfoque dominante y exclusivo de la mujer, tomando como universalmente válido el punto de vista de la mujer y solo este. La primera referencia de este término la podemos encontrar en la obra The Open Court publicada en 1897. Por su definición, evidentemente, se trata de una teoría de pensamiento que poco tiene que ver con el Feminismo, pero muchas veces es confundido con este ¿por qué? Tanto la falta de información de aquellos que que confunden la alusión “feminismo” a lo femenino, y vinculan este último a la supremacía de la mujer. También se utiliza la definición del Ginocentrismo para referirse al Feminismo de forma voluntaria, para confundir a los demás y demonizar el movimiento feminista.

El opuesto, literal, es el Machismo. Que se define como la actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres o la forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. Se trata de una ideología que engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias basadas en la autosuficiencia y orgullo del hombre en los distintos ámbitos de la vida. Algunos críticos vinculan el Machismo con la discriminación contra los homosexuales, considerándolos no «masculinos».

¿Y dónde queda el hembrismo?

El hembrismo suele utilizarse como contrario al Machismo, aunque el primero no se define como un sistema con existencia real, sino como la actitud particular de algunas personas que abogan por la prevalencia de las mujeres sobre los hombres. Muchos colectivos rechazan el término, explicando que se emplea de forma peyorativa para atacar los postulados feministas. Por tanto, la principal diferencia entre el Feminismo y el Hembrismo es el rechazo unilateral del que parte el segundo frente a la integración deseada del primero.

Este término, tan oído en los últimos años, en especial desde que VOX apareció en la palestra se ha extendido. Este término interesado de Hembrismo busca reemplazar al de Feminismo, con ello pretenden hacer uso del significado peyorativo de la palabra hembra (significado malintencionado que no existe)

Mas en los últimos años, el término hembrismo está adquiriendo otro significado, especialmente en psicología y sociología. Algunos especialistas emplean esa etiqueta para aquellas mujeres que muestran una exagerada actitud de sumisión, pasividad y resignación frente al hombre.

Entramos en términos peyorativos

El término feminazi se utiliza de forma peyorativa contra las feministas, generalmente, radicales, argumentando, como ya hemos comentado, que el

Feminismo

Feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres sino la preponderancia de estas. Este término aporta un fuerte contenido emocional, al hacer referencia al nazismo. Jackson Katz, educador en contra de la violencia de género, sostiene que no existen las feminazi, sino que éste es un término de propaganda utilizado para acosar al silencio cómplice de las mujeres que de otro modo podrían desafiar la violencia de los hombres.

El problema viene, como con otras cosas ¡ojo! con aquellas mujeres que utilizan las medidas y leyes a favor de las mujeres para aprovecharse, creando así una mala imagen en las feministas. Caso, por ejemplo, de las denuncias falsas de maltrato de género para conseguir beneficios en los divorcios, la custodia de niños… no son la mayoría de mujeres las que hacen uso de estas tramas, pero su repercusión social cuando hay casos es amplia, y son estos casos los usados por Machistas, Antifeministas y otros colectivos para demonizar el trabajo y labor de auténticos feministas. Haciendo parecer, como muchos creen, que el feminismo es un movimiento centrado en actividades y acciones  de odio hacia el sexo masculino.

¿Y qué sacamos de todo esto?

Vemos como cada vez hay más etiquetas, más valores teóricos, más movimientos. Pero en muchas ocasiones, menos conocimiento (algo sorprenderte en los hijos de la Era de la Información). Nos sumamos a manifestaciones, marchas o festivales porque está de moda, es lo que se espera de nosotros o porque va contra corriente y queremos ser radicales. Pero, aveces, no nos molestamos en saber qué significa exactamente lo que hemos puesto como definición en nuestra biografía de Instagram.

Cada uno es libre de elegir en qué pensar y como vivir su vida, siempre y cuando no haga daño a nadie y con quien lo comparta esté de acuerdo. Pero hagámoslo con cabeza y no porque nadie: padres, partidos políticos o amigos nos los inculquen y nos molestemos en investigar que es. Y, sobre todo, definámonos a nosotros mismos con una o con mil palabras, pero no cometamos el error de etiquetar a nadie.

Recordad que cada viernes publicamos en nuestro blog 😉